El peligro para los emprendedores de quedarse paralizados por el exceso de análisis y planificación

Detrás se suele esconder el miedo a la incertidumbre.

Lanzarse a un nuevo negocio exige tirarse al vacío antes de alcanzar nuestras metas, quedarse suspendido en el aire sin tener la certeza de que caeremos sobre blando. La incertidumbre acecha en cada movimiento porque emprender es la historia de hacer las cosas por primera vez.

El primer email corporativo, la primera llamada comercial, la primera incidencia? después de años funcionando por inercias en el trabajo, nos encontramos de repente con que hay que parase a pensar cada movimiento. De nuestras decisiones de ahora dependerá que nuestro proyecto tenga alma y visión. Así que son muchos los emprendedores que se quedan agazapados antes de esos primeros movimientos, diseñando eternos planes de negocio y aferrándose al análisis antes de dar el gran salto.

¿Antes de dar el salto… o para no dar el salto? Vaya usted a saber. El caso es que el perfeccionismo ataca las entrañas del emprendedor, haciéndole ser cada vez más dubitativo y temeroso de aventurarse en el mundo real. Con lo tangible y cómodo que es el mundo de las ideas, quedémonos aquí pensando mucho. Nuestro emprendedor sigue empecinado en añadir más y más detalle a su eterno plan de negocio. Ha entrado en un bucle de parálisis por análisis. ¿Valdrá de algo todo ese trabajo previo? Es posible que no, porque en el mundo empresarial, como en las películas, la calle es la mejor escuela. Es la que nos indica si nuestra idea realmente funciona, si el producto/servicio cala entre nuestros público y si necesita más o menos tiempo.

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